Saber si una persona está bien sin preguntar: ¿Cómo estás?

¡Hola! ¿Cómo estás?

Cuántas veces habréis escuchado esta frase o sus similares:

¿Qué tal?

¿Cómo va todo?

¿Todo bien?

Las escuchamos y las utilizamos. Le preguntamos a nuestra pareja, a nuestros hijos, a nuestros amigos, compañeros e incluso al camarero de nuestra cafetería favorita. Podríamos decir que se ha convertido en un saludo coloquial, más allá de un “hola” o “buenos días”.

No sé si habréis observado que nuestras respuestas hacia esa pregunta, a menudo son rutinarias y básicas y, por lo general, no se convierte en una gran conversación. De hecho, más de uno se extrañaría si alguien le contestara algo más que un simple “bien” a esa pregunta.

Sin embargo, es importante preguntar cómo está la gente. Es una forma de aprender más sobre su mundo interior. Para conectar. Sobre todo, con las personas más allegadas a nosotros.

Te propongo un reto: Intenta durante una semana preguntarles a las personas que quieres: ¿Cómo estás? y consigue que respondan algo más que un “bien”.

Muchas veces, cuando llegan los pacientes a consulta, en cada sesión, la primera pregunta que les hago es: ¿Qué tal? ¿Cómo ha ido la semana?

Su respuesta: Bien.

Dan una respuesta automática. A veces no todo va bien, a veces incluso la semana ha ido bastante mal, pero la primera respuesta siempre es “bien”. Minutos después, cuando enlazamos con la dinámica de las sesiones y se crea ese espacio de confianza y conexión que nos brindan las emociones y la empatía, observamos cómo ese primer «bien» esconde mucho más.

Otras veces, las personas dicen bien y están bien de verdad, pero quiero que entandáis el “bien” como respuesta automática en multitud de ocasiones.

Seguro que, en más de una ocasión, habéis contestado que estáis bien, cuando realmente esto no era así. Y no hablo de que no nos abramos a gente con la que no tengamos confianza, sino que esta respuesta la habremos dado a personas cercanas a nosotros: amigos, padres, pareja…

Entiendo que muchas veces no queramos hablar de un tema y mintamos con la idea de que no nos pregunten acerca de ello. Esto es totalmente respetable, pero quizás deberíamos expresar lo que sentimos con la gente que se preocupa por nosotros. Así, nos podrán entender mejor.

Como siempre digo, mejor con un ejemplo:

Pablo llega a casa tras un día duro en la oficina. Su jefe le exige que haga el trabajo de su compañero que está de baja.

Pablo ha tenido un día horrible. Solo le apetece llegar a casa, ponerse su pijama, tumbarse en el sofá y ponerse a mirar cosas por el móvil para desconectar del día. Cuando llega a casa, su mujer, le pregunta:

– ¿Qué tal el día?

-Todo bien, cariño –responde mintiendo.

Sus hijos están jugando en el salón: corren, saltan, gritan… Pablo cada vez se pone más tenso. Un niño comienza a llorar porque su hermano le ha pegado. El sonido del llanto empieza a producirle un dolor de cabeza y Pablo explota.

– ¿Os queréis callar de una vez? Siempre estáis gritando y llorando, estoy harto de esta situación. -Pablo se marcha del salón.

Su mujer, preocupada, va a buscarle y le vuelve a preguntar:

– ¿Qué te pasa?

-No me pasa nada. Solo quiero estar tranquilo. Por favor, déjame descansar.

¿Os imagináis cómo se sentirá la mujer de Pablo?

Primero, sabe que a su marido le ocurre algo, pero no sabe el qué. Por lo que esto le generará preocupación y frustración. Segundo, probablemente se molestará por la reacción que ha tenido y hará que sea motivo de futuros reproches.

Os preguntaréis: Si una persona me dice que está bien, ¿Cómo puedo saber yo si está bien de verdad o me está mintiendo?

Y mi respuesta es: Utiliza otras preguntas.

Os voy a dejar algunas preguntas que podéis usar en lugar del genérico «¿Cómo estás?» que producirá más información y más conexión hacia la otra persona.

Podéis utilizar:

  • ¿Qué ha sido lo mejor de tu día?
  • ¿Te ha molestado algo últimamente?
  • ¿Te ha ocurrido hoy algo divertido?
  • ¿Qué estás pensando?
  • ¿Has tenido un día tranquilo?
  • ¿Cómo te sientes últimamente?

Estas preguntas os permitirán comprender mejor el mundo interior de la otra persona y os ayudarán a construir una verdadera conexión. Está claro que no vamos a ir haciéndole estas preguntas a todas las personas que queramos saludar. O sí, ¿por qué no? Seguro que sus respuestas os sorprenderían. Pero si de verdad os interesa saber cómo está alguien y veis que preguntándole un “¿Qué tal?” solo conseguís una respuesta automática, podéis utilizar las preguntas que os he dado más arriba.

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Con mucho amor,

Noelia.

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